Las pasadas elecciones
autonómicas, y antes las generales, nos han dado un claro mapa electoral, muy
diferente a lo que nos tenía acostumbrados, acabando con la bipolaridad entre
derecha e izquierda muy definida y representada en los dos grandes partidos a
nivel nacional, PP y PSOE.
La actual situación
de crisis global (económica, Social y Política) ha dinamitado la convencional
estructura de alternancia en el poder, basada en la bipolaridad
Derecha-Izquierda. El hartazgo ciudadano ante la continua degeneración de una
clase política incapaz de dar soluciones a sus problemas, ha dado al traste con
cualquier estudio de intención de voto. Las ideas preconcebidas de “nuestras
bases” o “los votantes tradicionales de” ya no sirven. La sociedad actual es muchísimo
más compleja, instruida e informada. Y cada vez los fieles de uno u otro bando
son menos. Quizá sea una crisis también de valores, si bien yo creo que se trata
del fracaso de un modelo partitocrático que ha llegó a su cénit ya hace tiempo.
Hoy la sociedad
se divide en tres claros polos: Los Conservadores, los extremistas y los
descontentos. Los partidos de derechas, sean de donde sean, siempre estarán
apoyados por aquella ciudadanía que, por poco que tenga, desea preservar su
estatus y privilegio social, independientemente y sin cargo de conciencia a
quien dejan fuera del sistema social. Por el contrario, y cuanta más población
haya frustrada y perjudicada por esta crisis, retroalimentarán los mensajes extremistas,
sean del cariz que sean, independentistas, antisistema, reaccionarios, etc…
Pero el gran
fracaso de nuestro sistema democrático es sin duda la gran masa de descontentos,
que no se identifican con ninguna opción, que prefieren quedarse en casa, votar
en blanco o protestar con votos nulos. Esta gran masa social es la que hay que
escuchar y entender su malestar. El motivo por el que no ejercen su derecho a
voto, o lo hacen en modo protesta. Y si escuchamos detenidamente lo que nos
dicen, quizá a la clase política no le guste, por eso algunos prefieran
ignorarles.
Las frases grandilocuentes
o las utopías por siempre postergadas ya cansan a una ciudadanía que quiere,
que necesita decidir efectivamente sobre su futuro. Necesita elegir qué modelo
de estado quiere, y como se relacionará la ciudadanía entre sí y con las
estructuras del estado. Necesita un modelo electoral donde se pueda elegir abiertamente
a sus representantes, a todos sus representantes, incluido la jefatura del
estado, con mecanismos para controlar, ratificar o anular las decisiones de sus
gobernantes. Necesita una administración mucho más efectiva de los recursos
públicos, donde se persiga el fraude y se castigue al corrupto. Necesita un
modelo de garantía del estado del bienestar, de aseguramiento y ampliación de
los servicios. Necesita un modelo de crecimiento económico basado en el valor
añadido, el I+D+I, la inversión pública y la economía productiva, que permita
una avance efectivo hacia el pleno empleo. En definitiva, necesita elegir el modelo de
país en que vivirán sus hijos.
Hace 35 años,
nuestros padres eligieron un modelo de estado, dotándolo de unas estructuras y
unas leyes que permitieron en su momento la transición de una dictadura a un
modelo de libertades democráticas, por cierto bastante restringidas por una
constitución rígida e inmovilista. Ha llegado la hora en que de nuevo los ciudadanos
Españoles decidan sobre su futuro, y es por ello que se hace indispensable que los
partidos políticos abran un periodo plebiscitario con propuestas concisas y con
un fin constituyente sobre lo que será el nuevo modelo de estado, que deberá
ser ratificado por la ciudadanía. Para
algunos es un salto al vacío, pero si logramos entendernos en el pasado para
salir de una dictadura, no debe darnos miedo proponer el modelo de estado que
defendemos para el futuro, y que sea la ciudadanía quien elija.
En Catalunya
parece ser que se ha abierto este proceso, pero el plebiscito está mal
descrito. Ante el maremágnum independentista, donde el proceso se ha convertido
en un fin en si mismo, aunque vacío de contenido, el Socialismo Catalán apuesta firmemente por un
modelo de estado, el Federalismo. Quizá
estemos solos en este mensaje, y ni nuestros compañeros del resto de España crean
en él, pero seamos consecuentes con lo que defendemos y llevémoslo hasta las
últimas consecuencias.
El 25 de Noviembre
la ciudadanía Catalana está llamada a decidir qué camino escoger. Entre la propuesta
independentista y el abismo que abre bajo nuestros pies, el inmovilismo calculado
y electoralista tanto por parte de CiU como del PP, o bien una apuesta firme y decidida
por cambiar el modelo del estado y las relaciones entre Catalunya y el resto
del Estado. Es la hora del Federalismo con mayúsculas, de cambiar desde
Catalunya, España, para empezar a construir el país de nuestros hijos.
Socialismo, Federalismo
y República.